Página de información del Sindicato de Oficios Varios de Toledo de la Confederación Nacional del Trabajo, adherida a la Asociación Internacional de l@s Trabajador@s.
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Salud

viernes, 10 de noviembre de 2017

Hijos de la Anarquía

Extraido del nº 351-352 del periódico Tierra y Libertad.

Hace pocos días me senté a ver una serie americana de televisión titulada Sons of Anarchy, en español, Hijos de la Anarquía. La serie no vale nada. Cuenta la historia de una banda de moteros, muy similar a Los Ángeles del Infierno, en sus trapicheos con drogas, asesinatos, traiciones y ajustes de cuentas, todo ello bien aderezado con testosterona, músculos, tatuajes y armas, muchas armas de todo tipo y calibre, con esa especial adoración que sienten los "americanos" por las armas de fuego. A juzgar por lo que sabemos de ellos, una simple imagen lejana cargada de estereotipos y falsedades, sin duda, pero con cierta base real, está claro que el dinero y las armas son piezas claves en la sociedad estadounidense. Sin olvidar a las mujeres que, fieles a su papel de bellas hembras con grandes pechos, cabalgan en el asiento trasero de la moto, listas para el sexo ante la menor insinuación. Los Hijos de la Anarquía es un club exclusivo para hombres. 

Bien, esta fue la impresión que saqué tras ver el primer capítulo. Confieso que no pude con más. Me pareció intragable. En un principio iba bien predispuesto. ¿Anarquía? ¿Qué será esto?, me pregunté con curiosidad. Quizás mi juicio resulte precipitado, pero lo poco que vi me pareció basura. No obstante, para mi sorpresa descubro que, contrariamente a mi negativa opinión, está considerada como una buena serie, muy premiada, con 7 temporadas de emisión y 92 episodios, además de contar con bastante éxito mundial. Es decir, que esta miserable serie ha paseado el nombre de la anarquía por el mundo entero, y como no podía ser menos, lo ha hecho de la peor manera posible, asignándole el sentido que el poder político y los medios de comunicación prefieren usar habitualmente, como sinónimo de caos, disturbios y violencia, producto de la falta de autoridad y, por tanto, de ley y orden. Otro clavo más para remachar el ataúd anarquista en el que pretenden enterrar para siempre las ideas libertarias.

Hace tiempo leí Ángel del Infierno, las macarrónicas memorias del fundador de la banda, Ralph "Sony" Barger, para tener información de primera mano sobre ellos, y el espléndido libro de investigación del periodista gonzo Hunter H. Thompson, Los Ángeles del infierno, una extraña y terrible saga, donde relata cómo eran estos matones motorizados, tras una larga convivencia en común con ellos allá por los años sesenta del siglo XX. Y ambos lo dejan claro. En realidad, eran unos indeseables delincuentes que se valían del número y una brutal intimidación para llevar a cabo sus actividades delictivas. Peleas, drogas, armas, dinero, alcohol y sexo conforman la vida cotidiana de estos moteros forajidos, que muy poco o nada tienen que envidiar a cualquier otro grupo criminal o mafioso. La única diferencia es la estética que los define: grandes motos de carretera, cadenas, banderas, tatuajes, hasta cruces gamadas, y el ostentoso parche en la espalda con la insignia del club al que pertenecen. Ideológicamente tienen la mentalidad básica del matón fascista: agresiva, irracional, fanática, patriotera y profundamente estúpida y cruel. Y eso es, a grandes rasgos, lo que cuenta la serie. O dicho de otra forma, los Hijos de la Anarquía son bandidos, asesinos y traficantes de armas. 
Este si que fue un hijo de la anarquía

Bueno, si solamente se tratara de una vulgar obra de ficción, no tendría inconveniente alguno. Incluso entendería que la situación crónica de crimen y corrupción que muestra la serie estuviera provocada por un sistema social desigual e injusto. Pero más engañoso y perverso me parece haber equiparado la anarquía con una banda criminal. Mucha gente, chicos jóvenes sobre todo, verá la serie y una vez más sus ideas al respecto sobre el anarquismo se verán confirmadas. Anarquía = caos.

Yo creo que esta falsa e insidiosa publicidad causa un verdadero daño al movimiento libertario, pues la opinión pública confunde a unos con otros. Además constituye una ofensa hacia tantos hombres y mujeres que dedicaron su vida a tratar de hacer del mundo un lugar mejor, más digno y humano para todos, donde las ideas de libertad, justicia social y solidaridad fueran reales, que no otra cosa constituyó el anarquismo para muchas personas en el pasado. Y asimismo hacia los que ahora, a nuestra modesta manera, tratamos de continuar con una herencia anarquista de tan larga historia. Yo, al menos, me siento afrentado por esa estúpida americanada en forma de folletín televisivo.

J. Caro

jueves, 9 de noviembre de 2017

[Editorial] ¿Acabará el Congreso de los Diputados con las horas extra?

cnt valladolid

miércoles, 8 de noviembre de 2017

[Portugalete] Limpiezas Lombide vulnera derechos laborales

· El martes 31 de octubre CNT se concentró para denunciar el abuso laboral al que somete la dirección de la empresa a sus trabajadoras. · Entre estos abusos “se encuentran múltiples incumplimientos en materia de prevención de riesgos laborales y de contratación”, ha dicho la central anarcosindicalista.
La empresa de limpiezas, radicada en Portugalete, está siendo denunciada por incumplir la legislación en multitud de áreas. “Contratan a las trabajadoras por un número de horas mucho menor de las que necesitan para realizar sus tareas, imponiéndolas unos tiempos imposibles para realizar el trabajo que se les exige” ha remarcado CNT; un ejemplo de ello es “la situación de una de nuestras delegadas de la sección sindical de CNT en Lombide, que ya ha denunciado esta situación frente a inspección de trabajo”. En consecuencia de esta denuncia, “inspección de trabajo emitió una resolución dando la razón a las reivindicaciones de la sección sindical en él ámbito de prevención de riegos laborales”, ha dicho CNT, tras la cual, “la empresa comenzó a entregar los correspondientes EPIs a las trabajadoras”.
Sin embargo, tal como la sección sindical ha dicho, “la respuesta de la empresa ha sido amenazar a nuestras delegadas con sancionarlas si siguen reivindicando sus derechos laborales”. Todo esto, solamente por exigir que se cumplan las leyes laborales vigentes, reflejadas en el convenio colectivo, el Estatuto de los Trabajadores y demás legislación laboral.
Por todos estos motivos, “desde la CNT hacemos un llamamiento a todas las compañeras de Limpiezas Lombide a que se organicen para luchar por sus derechos laborales y por un trabajo digno”. Desde el sindicato se continuarán con las movilizaciones, iniciadas ya el mes pasado con una campaña informativa a las trabajadoras de la empresa, “hasta que se respeten los derechos laborales de nuestras compañeras”.
Desde CNT “exigimos a la dirección de Limpiezas Lombide que deje de amedrentar a las trabajadoras y que cumpla con la legislación laboral en materia de contratación y prevención de riesgos laborales”, ha dicho la organización sindical.

martes, 7 de noviembre de 2017

Probado y sentenciado que MRW ha incurrido en cesión ilegal de trabajadores

Recientemente, desde las Secciones Sindicales de CNT en MRW Logística y GrupoUno CTC, se remitió un comunicado de prensa. Nos informaban en él de la celebración del juicio, el pasado 20 de Octubre, dentro de las acciones emprendidas por este sindicato como consecuencia del conflicto sindical que mantiene contra ambas empresas.
De resultas del citado juicio, queda probado y sentenciado que, tal y como defendíamos, la supuesta externalización o subrogación de trabajadoras y trabajadores desde MRW hacia CTC, encubre, en realidad, una Cesión Ilegal de Trabajadores.
Continuaremos con las acciones sindicales, directas y jurídicas hasta que estas dos empresas tramposas, precarizadoras, mentirosas y que desprecian nuestros derechos más básicos, nos devuelvan lo que nos han robado y asuman nuestra tabla reivindicativa.

lunes, 23 de octubre de 2017

Anarquismo y Nacionalismo


Por Tomás Ibáñez.



Pienso que un debate, teórico y abstracto, sobre “Anarquismo y Nacionalismo”, se podría desarrollar perfectamente en cualquier otro momento, y en cualquier otro lugar del planeta, y que el debate que aquí nos interesa, es el que entronca con el actual momento político, para intentar perfilar una postura libertaria sobre temas como el “Procés”, el independentismo, el “dret a decidir”, o la autodeterminación...

La pregunta que me preocupa, y que pongo sobre la mesa, es doble, consiste en saber, si desde una postura anarquista es coherente implicarnos en el “Procés”, y, por otra parte, si la participación en la lucha por la independencia no conduce, inevitablemente, y sean cuales sean nuestras motivaciones, a imprimir un fuerte, un fuertísimo, impulso al nacionalismo.

Bien, si vamos al actual momento político, es obvio que, en solo tres años, la situación ha cambiado de forma tan espectacular en Catalunya, que David Fernández ha pasado de ser golpeado en plaza Catalunya por los mossos de Felip Puig, a protagonizar el más efusivo de los abrazos con el “President”.

La situación ha cambiado hasta el punto que la magnífica movilización del 15 de Junio del 2011, ¿la recordáis?, contra un “Parlament” al que Artur Mas tuvo que acudir volando, ha dejado paso a los aplausos por su valentía. Y las masivas protestas contra los recortes, se han visto desplazadas por enormes concentraciones donde los responsables de esos recortes, bien lejos de ser abucheados, ocupan lugares de honor.

Cómo es notorio, la fuente de ese cambio no es otra que la irrupción de un “Procés” que ha conseguido sustituir la cuestión social por la reivindicación soberanista.

Está claro que el cabreo de buena parte de la población ante las continuas agresiones del gobierno español, especialmente contra la lengua, junto con el deterioro de las condiciones de vida y de los derechos sociales, ha espoleado el auge del independentismo. Esa es probablemente la causa principal, estamos de acuerdo,  pero sería muy ingenuo pensar que no han intervenido otros factores, y es muy fácil percibirlos, con solo mirar entre bastidores.

Junto al efecto multiplicador producido por un eficaz juego de disfraces entre nacionalismo, independentismo y “dret a decidir”, también la “transversalidad” ha contribuido a incrementar la multitud involucrada en el “Procés”,  una transversalidad, interclasista e interideólogica, donde entrelazan fraternalmente sus manos, los precarios y los pudientes, los David Fernández y los Felip Puig, los pro-vida y las feministas, y que cuenta con cuidadas escenificaciones que la televisión convierte en grandiosos espectáculos a todo color.

El auge del independentismo se debe, también, a que el Govern ha movilizado todos sus recursos institucionales, sus redes de influencia, y su arsenal mediático, afín de situar y de mantener el soberanismo en el mismísimo centro de la vida política, social, y cultural de Catalunya. El Govern supo intuir el enorme potencial de energía que yacía en la diada del 2011, y desde ese mismo momento se volcó en potenciar la movilización de una parte sustancial de la sociedad, teniendo, además, la gran inteligencia de dejar el protagonismo en manos de algunas instancias de la sociedad civil, que él mismo se encargaba, por otra parte, de publicitar y de empoderar convenientemente.

Quienes acudieron a las urnas el 9N, lo hicieron como una afirmación de libertad frente a las prohibiciones y a las provocaciones del gobierno de España, pero, eso sí, amparados, arropadas y espoleados por todo el aparato de poder de la Generalitat. Basta, sino, con comparar el pobre resultado, y las enormes dificultades, del multireferendum del 25 de mayo, con la placida consulta del  9N, para disipar cualquier duda acerca de a qué se debe, no todo, ni mucho menos, pero sí buena parte, del resultado del 9N: a los recursos de poder  que maneja el gobierno catalán.


Ahora bien, el problema  no es, obviamente, el hecho de que crezca el independentismo. Lo preocupante es que quienes participan en el “Procés”, con voluntad de impulsar cambios políticos y sociales de signo radical, no valoren en toda su magnitud, en toda su importancia, y a veces ni siquiera quieran ver, el papel que desempeñan los poderes instituidos en el auge del independentismo. Un papel tan decisivo que ese independentismo resulta, cuanto menos, bastante sospechoso en tanto que posible instrumento emancipador.

Ya sabemos que son multitud quienes asumen el nacionalismo español sin ni siquiera ser conscientes de ello, pero mucho me temo que está pasando exactamente lo mismo con quienes dicen que su independentismo ni es nacionalista, ni se expresa en clave identitaria. Porque resulta que, en el contexto especifico del “Procés”, se hace muy difícil ser independentista sin ser, al mismo tiempo, nacionalista. No digo que eso sea imposible, pero exige que se considere el “Procés” de forma totalmente instrumental, para alcanzar unos fines distintos al de su propia finalidad.

En ese sentido, algunos libertarios, y libertarias, ven el “Procés” como la oportunidad, una oportunidad única, para crear una ruptura que desencadenaría un proceso constituyente, políticamente emancipador, y argumentan que debemos involucrarnos en el movimiento soberanista para ensanchar la brecha que puede contribuir a abrir.

En esa misma línea, también se acude a la viejísima teoría del enemigo principal y de los avances graduales: seguro que os suena, derrotemos primero al nacionalismo dominante, el español, aunque haya que pactar con otro nacionalismo, el catalán, y eso despejará la vía para ulteriores avances.
Rizando el rizo, hay quien dice, incluso, que hay que luchar para que Catalunya consiga su independencia, porque de esa forma se acabará, por fin, la reivindicación nacionalista, y se podrá plantear los temas que de verdad importan.

Quizás, desde una adhesión puramente instrumental al soberanismo, se pueda ser independentista sin ser nacionalista. Quizás. Pero, aun así, lo que sí resulta del todo imposible, en el contexto específico del “Procés”, es ser independentista sin hacerle el juego al nacionalismo, y sin excitar los sentimientos nacionalistas. Unos sentimientos que han demostrado ser tan peligrosos que, hoy, todo dios huye de esa etiqueta como de la peste.

Es del todo imposible no hacerle el juego al nacionalismo, porque lo que se está planteando no es la independencia de una comarca, o de un determinado colectivo, sino de “Catalunya”, claro!, y es la independencia de esa entidad, perfilada como Nación, la que motiva la adhesión entusiasta de la mayor parte de quienes se involucran en el “Procés”.

Es cierto que el independentismo que niega ser nacionalista insiste en que lo que persigue es, simplemente, romper la dependencia del Estado español, y que la gente variopinta, de múltiples nacionalidades y lenguas, que habita este territorio pueda decidir libremente la forma política de su sociedad. Ese independentismo repite que hoy el catalanismo no es identitario, que reivindica su impureza étnica, y que es inclusivo y abierto. Que no se trata de independizar naciones, sino, pueblos y territorios.

Bien! Pero, ¿de qué pueblo hablamos? ¿Acaso del pueblo trabajador? ¿Y de qué territorio? ¿Cómo se definen sus límites?
No nos engañemos, desde un punto de vista no nacionalista, resulta que un territorio susceptible de constituirse como una unidad política diferenciada e independiente, se define por una forma de vida, compartida en el marco de  un proyecto común, y resulta que no puede haber forma de vida en común entre un patrón y un precario, por mucho que ambos sean catalanes, hablen una misma lengua, y habiten un mismo espacio.

Ahora bien, cuestionar una independencia basada en el supuesto “hecho nacional” no significa, en absoluto, menospreciar la importancia del sentimiento de pertenencia a una comunidad. Es obvio que el vínculo comunitario es fundamental, y que vivir en un mismo lugar, compartir una lengua, tener experiencias comunes, desarrolla relaciones solidarias, y crea un sentimiento de comunidad que se inscribe, muy profundamente, en nuestra subjetividad, y que moviliza intensamente toda nuestra afectividad.

Sin embargo, extrapolar ese sentimiento a una entidad abstracta, lo desvirtúa, y lo transforma en otra cosa. La gran astucia del nacionalismo consiste en equiparar el amor al terruño que nos ha visto nacer y crecer, con el amor a esa abstracción que es la Nación. Son sentimientos totalmente distintos, el apego a la tierra natal ni se aprende ni se enseña, simplemente sucede en el roce diario, mientras que el patriotismo, inseparable del nacionalismo, debe ser enseñado e inculcado, mediante sofisticadas operaciones de producción simbólica de la realidad nacional.

Muy probablemente no pueda evitar ser andaluz o catalán, y quizás ni siquiera me apetezca evitarlo, pero lo que sí puedo evitar es transformar esa característica identitaria en un elemento primordial. Porque lo importante, lo importante es el peso que concedemos en nuestras señas de identidad a la adscripción  a una lengua, a un territorio, o a una Nación,  así como, y eso es aún más importante, el peso que representan esas adscripciones en los valores que asumimos, o en la acción política que desarrollamos.

Ese peso va desde cero hasta el infinito. Como es sabido, desde el anarquismo se le concede un peso que se sitúa muy cerca de cero, mientras que el peso que le dan, por ejemplo, los nacional-socialistas, tiende hacia el infinito. El punto exacto  donde nos situamos, entre esos dos polos extremos, depende de nuestro grado de nacionalismo.

David Fernández declaraba, hace poco, el pasado 10 de enero, en un acto de las CUP ““Nadie, nadie nos hará elegir entre cuestión nacional y cuestión social”. ¡Faltaría más! Cada colectivo es muy libre de sus elecciones. Por nuestra parte tampoco tenemos que elegir, pero es porque no estamos confrontados a ningún dilema. La cosa está muy clara, vamos por la cuestión social, esa es nuestra guerra, y nada tiene que ver con una guerra por la cuestión nacional, una guerra que no nos concierne y que dejamos, por completo, en manos de quienes se desviven por protagonizarla, aun a sabiendas de que les tocará luchar abrazados, como ya lo han hecho, a los peores enemigos de la cuestión social.
En ese mismo acto, David Fernández añadía: “El país es demasiado diverso para caber en una sola lista”, ¡y tenía toda la razón! Solo que pasaba por alto que también hay una parte del país que no cabe en ninguna lista electoral, y es a esa parte a la que pertenecemos.

Esas dos declaraciones expresan dos compromisos básicos que, lamentablemente, nos sitúan en campos antagónicos: por una parte, el total compromiso con la cuestión nacional, considerándola inseparable de la cuestión social, y, por otra parte, la decidida participación en la dinámica de “las listas”, en la dinámica electoralista.

En cuanto al primer compromiso, parece que si no se quiere separar la cuestión nacional de la cuestión social, debería ser porque se considera que no vale cualquier forma de independencia, sino solamente la que instaura otro tipo de sociedad. Con lo cual,  si lo pensamos un minuto, lo que pone de manifiesto esa exigencia de no-separabilidad, es, paradójicamente, la existencia de una disimetría entre las dos cuestiones, y resulta, por lo tanto, totalmente incongruente situarlas en un plano de equivalencia que excluye priorizar una de ellas.

Es  obvio que el hecho de resolver la cuestión nacional no tiene porque resolver una cuestión social que se mantendría intacta en una Catalunya independiente pero que fuese ferozmente capitalista. Sin embargo, resolviendo la cuestión social de fondo, la cuestión nacional también queda resuelta, porque en una sociedad igualitaria y libre, ya no es que Catalunya podría ser independiente, sino que podría serlo cualquier parte de la sociedad que así lo quisiera.

Ahora bien, si está tan claro que las dos cuestiones no son equivalentes, que una prevalece sobre la otra y la condiciona, entonces, cabe pensar que la incapacidad de percibir esa disimetría, y la exclamación de que “nadie, nadie nos obligará a elegir entre ellas” responden, en realidad, a la fuerza del sentimiento nacionalista, y, claro, eso desata sospechas, porque apunta al engaño y al autoengaño de quienes afirman que su defensa del independentismo nada tiene que ver con el nacionalismo.

El segundo compromiso, el compromiso electoralista, resulta igualmente problemático, porque no es solamente la cuestión del nacionalismo la que justifica que no nos involucremos en el “Procés”, es también la tremenda contradicción entre la forma que toma la acción política en el seno de la actual movida soberanista, frente a la que pretendemos imprimirle desde el anarquismo.

En efecto, la dinámica desatada por el soberanismo, hace que todo se conjure, desde hace ya bastante tiempo, para institucionalizar la acción política de carácter radical. Referéndum, urnas, “Parlament”, elecciones, plebiscitarias o no... Todo gira en torno a las instancias institucionales del poder político establecido. Se saca la lucha de las calles y del mundo laboral, para otorgar el protagonismo principal a las Urnas y a las votaciones en elecciones, en consultas, o en el “Parlament”. Ahora mismo, por ejemplo, es el horizonte del 27 de septiembre el que va a hipotecar el presente de las luchas. Que lejos queda aquello de ¡“que se vayan todos”!… Está claro que participar en el “Procés” conduce, inevitablemente, a empujar la acción política radical hacia la esfera institucional, y a centrarla en el ámbito del “Parlament”.

Pero bien sabemos que, en esas condiciones, lo único que puede surgir de las urnas reclamadas por el soberanismo es la creación de un nuevo Estado capitalista, nunca la ruptura con el capitalismo.

¿Acaso es eso lo que queremos decidir? ¿Es esa la autodeterminación que nos interesa y por la que vale la pena luchar, salvo, claro está, que seamos nacionalistas?

Resulta que, como anarquistas, defendemos efectivamente la autodeterminación, sí, pero no auspiciada desde el poder, no conseguida mediante las urnas institucionales, porque entonces solo puede ser un simulacro de autodeterminación.

No nos engañemos, la autodeterminación solo puede ser conquistada, arrancada. Porque al igual que ocurre con la libertad, esta tampoco se otorga, y también se conquista. Se conquista, como cuando se okupan espacios para sustraerlos a las normas que rigen el sistema, o como cuando se okupan unas fábricas para autogestionarlas, o como cuando en el 36 las comarcas decidían implantar el comunismo libertario.

Autodeterminación, sí, pero de verdad, sin pedir permiso a las instituciones, transformaciones radicales llevadas a cabo directamente por los colectivos concernidos, en el ámbito local, no institucional, y que luego, eventualmente, se federan.

Esa es la autodeterminación por la que vale la pena luchar, pero nunca una autodeterminación para crear otro Estado, no una autodeterminación en forma de SÍ-SÍ, no una autodeterminación para consolidar la forma Nación.

Cambiar una bandera por otra nunca ha sido nuestro problema, ni puede ser nuestra lucha, y ni siquiera una parte de ella, por muy pequeña que sea.

Se trata, eso sí, de desairar banderas, de promover desobediencias y de multiplicar rupturas. Pero sin confinarlas en un escenario rupturista de carácter nacional, porque conviene no olvidar que, lejos de ser realidades “naturales”, las naciones, todas las naciones, se han construido con sangre y lágrimas, la sangre y las lágrimas de la gente de abajo.

Fueron los enfrentamientos por el poder y por la riqueza, los que poco a poco fueron agrandando y agregando posesiones, juntando territorios, y colocando bajo una misma autoridad, poblaciones dispares. Luchas, guerras, pactos, alianzas, hasta configurar un condado, un reino, o una república, o cualquier otra estructura política centralizada, que se transforma en una Nación, o en un país, o en un pueblo, cuando adquiere carta de naturalidad para sus súbditos.

Las naciones son un artefacto del poder, y constituyen un dispositivo de dominación que se construye homogeneizando heterogeneidades, incluso en el plano lingüístico.

De forma, que al reivindicar la existencia política de una determinada nación, lo que estamos asumiendo, implícitamente, es la historia de sangrientos enfrentamientos por el poder, y estamos haciendo nuestras  tanto la lógica que ha guiado esa historia, como el resultado en el que ha desembocado.

Ahora bien, si las naciones han sido hechas, también pueden ser deshechas, y uno de nuestros cometidos en tanto que anarquistas es, precisamente, deshacerlas. Debemos ser resueltamente “nacionalicidas”, sí, nacionalicidas, respecto de la función política que cumple el concepto de Nación, y de los enormes recursos de todo tipo que se invierten en la construcción simbólica, y en el mantenimiento de “la realidad nacional”.

En tanto que libertario no es que quiera una Nación sin Estado, es que no quiero ni un Estado ni una Nación.

Y, ya, para ir concluyendo, está claro que debemos luchar contra el nacionalismo español, y que  uno de los yugos de los que nos tenemos que liberar es el de la opresión del Estado español. Pero no porqué esa opresión nos constriña en tanto que miembros de una Nación, de un País, de un Pueblo, de un Territorio, o como se le quiera llamar, sino porque es un instrumento de dominación y queremos romperlo, pero sin darle la satisfacción de reproducir miméticamente sus propios principios basados en “el hecho nacional”.

Frente a la pregunta de si apoyamos o no, de forma general, las luchas de liberación nacional, la respuesta es que consideramos que hay que prestar un apoyo rotundo a las luchas contra la dominación nacional. Pero eso no se puede confundir con un apoyo a las luchas de liberación nacional, y esta distinción se entiende perfectamente si se reformula el planteamiento simplista que dibuja como situación primaria, la de una Nación oprimida que lucha por liberarse.

En realidad, lo que existe primariamente es una fuente de opresión, lo que hay, en origen, es una Nación, en posición de fuerza, que tiene interés en dominar un determinado colectivo y en controlar su territorio. Cuando ese colectivo se levanta contra la dominación nacional, es obvio que debemos darle apoyo, porque forma parte del anarquismo, impulsar todas las luchas contra la dominación.

Sin embargo, apoyar el combate contra la dominación nacional no implica, para nada, que se tenga que apoyar también la parte de esa lucha a favor de la liberación nacional, un objetivo que tan solo representa sustituir una forma de dominación por otra, y sería del todo surrealista apoyar, desde el anarquismo, un combate por la dominación.

¿Posición compleja, que exige diferenciar la lucha “contra la dominación nacional”, y la lucha “por la liberación nacional”, aun cuando ambas suelen estar entremezcladas? Pues, sí, ciertamente, posición compleja, pero nadie ha pretendido que el anarquismo fuese simple.

En definitiva, no se trata de entorpecer la independencia de Catalunya. La creación de un nuevo Estado en Europa, o fuera de ella, no es nuestro problema. Por mi parte, si eso se produce algún día, y si aún estoy a tiempo de verlo, me alegraré, me alegraré mucho, porque se estará debilitando España, pero, al mismo tiempo, lo lamentaré, lo lamentaré profundamente, porque se estará creando un nuevo Estado que nada, nada, tendrá que envidiar al Estado español.
¿Entorpecer la independencia? No, claro. Ahora bien, tampoco ayudar,  ni en lo más mínimo, a que acontezca, sino denunciar el engaño que supone para los de abajo que se les venda la moto de que esa lucha merece su colaboración, y denunciar, también el substrato nacionalista sobre el que descansa, necesariamente, esa lucha.

Debemos elegir, debemos elegir entre arroparnos, ya sea materialmente, o solo simbólicamente, en una estelada, o bien defender las ideas anarquistas. Y, a partir de ahí, que cada cual elija legítimamente lo suyo. Ahora bien, si hacemos lo uno, si nos involucramos en el “Procés”, no podemos hacer lo otro, que consiste en luchar para erradicar todas las formas de la dominación, porque eso sería tan incompatible como arroparnos en la bandera española en lugar de rechazarla, y, al mismo tiempo, proclamarnos anarquistas.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

¡Aparición con vida de Santiago Maldonado!


Al igual que en Chile, los mapuche del sur de Argentina han sufrido una larga historia de exclusión y desposesión de sus tierras originarias. Algunas de las comunidades de esta región se han levantado para reclamar la tierra y su cosmovisión.
En este contexto, la Gendarmería desalojó el 1° de agosto un corte de ruta y comenzó a perseguir, con disparos, a los participantes. La represión encarnizada de los uniformados estaba dirigida por el segundo al mando del Ministerio de Seguridad de la Nación, Pablo Noceti, y se desarrolló a los gritos de “los vamos a cazar a todos”. Entre disparos y gritos, los comuneros corrieron y cruzaron un río para resguardarse, pero uno quedó atrás y hay testigos que vieron cómo la gendarmería golpeaba a SANTIAGO MALDONADO. Intentando impedir que se viera su actuación, los gendarmes hicieron una barrera, mientras cargaban a Santiago dentro de un vehículo. Hasta el día de hoy, pasado ya más de un mes, SANTIAGO ANDRES MALDONADO NO APARECE y la gendarmería niega la detención.
El ministerio de Seguridad de la Nación protege a las fuerzas que actuaron con evasivas investigativas y falsa información. Pero en las indagaciones periciales todos los indicios apuntan a la responsabilidad de los gendarmes por órdenes de la Nación. Se ha generado una fuerte difusión mediática en Argentina contra el pueblo mapuche, al que se acusa de TERRORISMO. Se lo estigmatiza constantemente, intentando que se naturalicen la violencia y la DESAPARICION DE LAS PERSONAS.
Frente a todo esto, apelamos a la conciencia y la solidaridad activa de las/os compañeras/os del mundo entero para la visualización y presión al Estado Argentino y a la empresa Benetton.
El 1° de septiembre se convocaron manifestaciones a nivel nacional, en Argentina, por la aparición con vida de Santiago Andrés Maldonado, compañero libertario oriundo de la localidad de 25 de mayo, provincia de Bs. As. A petición de los compañeros y las compañeras de FORA, CNT se suma a este clamor, y exige la APARICIÓN CON VIDA DE SANTIAGO MALDONADO, así como el fin a la represión contra los mapuche.
Se puede encontrar más información en el siguiente enlace: www.santiagomaldonado.com
¡BASTA DE REPRESIÓN! ¡APARICIÓN CON VIDA DE SANTIAGO MALDONADO!

martes, 26 de septiembre de 2017

[Málaga] Cuando ser sindicalista es delito


· Dos compañeros sufren represión por ejercer su legítimo derecho a la acción sindical

El conflicto laboral con la empresa Brunch It: de la explotación laboral a la persecución y represión sindical por defender los derechos de los/as trabajadores/as en precario.
La CNT de Málaga desarrolló un conflicto laboral con la empresa del sector de la Hostelería Brunch It, durante varios meses y que concluyó con el reconocimiento por parte de la empresa, en acto de conciliación sin llegar a juicio, del despido improcedente y de las cantidades que reclamaba nuestra compañera, llegando a un acuerdo económico que subsanaban ambas demandas.
Este conflicto laboral tuvo mucha visibilidad en Málaga ya que durante el mismo se realizaron concentraciones frente a la empresa de restauración en cuestión, legalmente convocadas, comunicadas y aprobadas por la Subdelegación de Gobierno de Málaga.
Hay que recordar, para los que no siguieron el conflicto, que el despido de la compañera se produce por pronunciarse en contra de un Manifiesto de la empresa, en el que se afirmaba que es de OBLIGADO CUMPLIMIENTO para trabajar en la empresa algunas cuestiones como las que siguen:
- NO se saluda/despide con BESOS entre compañeros diariamente.
- Cuando un objeto se rompe, será responsabilidad de esa persona, o en todo caso del grupo, si así es puesto en común, COMPRAR el mismo objeto a la mayor brevedad, o bien de su propio dinero, o del bote común de los empleados. Se entiende que el objeto roto/perdido debe ser casi idéntico (véase ejemplo de perder cable iPod MAC y se sustituye por uno del “chino”)
- Los descuadres de caja serán responsabilidad directa de las personas que hagan turno de mañana/noche BARRA, excluyendo a la persona que haga SALA. Estas personas, se comunicarán para que la cuenta quede clara, en caso de haber descuadre, serán responsables y deberán reponer el dinero que falta.
- Se acabaron las sesiones psicológicas, cuando una persona se queje, se entenderá que no está integrada en su puesto, y que no debe estar ahí, y quizá la queja es su forma de “despedirse”, al no saber comunicarlo de otra forma.
Por otro lado, parece que se ha sido olvidado por los diferentes estamentos sociales, que existe el “derecho de reunión”. Derecho que otorga a los manifestantes el poder reunirse para expresar su opinión o criterio con libertad en la calle. Así, consideramos que nuestra actuación de denuncia pública en este caso de vulneración flagrante de derechos que había ejecutado la empresa Brunch It contra nuestra compañera, es fundamental para concienciar a la sociedad en general de situaciones que hay que denunciar – despido improcedente, número de horas trabajadas, reconocimiento de categoría profesional - y en el caso del Manifiesto, situaciones que no se pueden tolerar porque conducen a un clima laboral de ilegalidad y represión que nos son propios de una sociedad que dice garantizar unos derechos democráticos.
A raíz de nuestra acción sindical la empresa emprendió una denuncia contra dos compañeros del sindicato CNT – la trabajadora despedida en cuestión y el Secretario General del sindicato - a los que acusaba sin pruebas, sobre hechos inexistentes o falsos, de presuntas coacciones y alteración del orden público, que han desembocado en un procedimiento, ahora penal, donde se piden penas de prisión de 2 años y un día, y multas de más de 8000 euros.
Una acusación que no tiene ningún fundamento ya que hemos sido totalmente escrupulosos en nuestras concentraciones autorizadas, que además han contado con presencia policial, en muchos casos desproporcionada como bien han comprobado viandantes, y vecinos de los locales y edificios aledaños.
Este procedimiento tendría que haberse archivado después de la declaración de diversos testigos. No entendemos como la representación y mediación sindical se tacha de coacción, y que las concentraciones de carácter sindical se desacrediten como alteración del orden público. Que la judicatura admita ambas acusaciones pone de manifiesto el grado de libertad y de respeto a los derechos en el cuál nos encontramos.
A día de hoy, hay muchos sindicalistas afectados por denuncias de este u otro tipo, lo que señala con gravedad que los derechos sindicales se están amenazadas en nuestra sociedad. Se criminaliza la protesta y la acción sindical: una trabajadora despedida de forma improcedente por defender sus derechos y un compañero que actúa como representante sindical e intenta mediar en el conflicto laboral.
Por ello, solicitamos la máxima difusión sobre este caso de injusticia y represión, el máximo apoyo a nuestros/as compañeros/as y solidaridad económica para sufragar los gastos judiciales.
Ponemos a vuestra disposición el siguiente número de cuenta, donde podéis realizar los ingresos con el concepto SOLIDARIDAD GASTOS JUDICIALES
TITULAR: S.O.V. de CNT MALAGA
NUMERO DE CUENTA IBAN: ES04 2103 0227 2800 10088207
¡ABSOLUCIÓN ANARCOSINDICALISTAS PERSEGUIDOS!

lunes, 25 de septiembre de 2017

[Canarias] Apología de la precariedad. La lucha de las Kellys


Externalización, subcontratación, cesión ilegal de trabajadoras. Esta es la realidad cuando te sacan los colores por televisión. Los empresarios gran canarios como víctimas de la precariedad y la especulación.
Desde la CNT-Canarias reivindicamos el conflicto de la compañera Olga, quien apareció en una intervención, junto con otra compañera, durante el programa 'En el punto de mira: Verano en Canarias' de la cadena televisiva Cuatro – ambas de la asociación de “Las Kellys” (asociación de ramo del sector de la hostelería específica de camareras/os de piso) y también afiliadas de CNT en Gran Canaria - no es un problema puntual, como ha aparecido recientemente en algunos medios locales de las islas. Es un problema generalizado, no sólo del sector de la hostelería sino extendido en casi todos los sectores laborales, pero que es sangrante, literalmente, en el sector de la hostelería y más en concreto para las camareras de piso.
Que las instituciones privadas estén mirando para otro lado mientras hacen caja es normal, lo que no es tan normal es que también lo hagan las instituciones públicas, pues es conocido y se han hecho debates, ciertamente recientes, en programas de máxima audiencia, donde se dejaba en evidencia que el fraude en la contratación es generalizado. Tanto es así, que diversas instituciones lo han reconocido, estando reflejado en la web del ministerio de empleo, como ocurre con el contrato 'por primer empleo joven', para menores de 30 años sin experiencia laboral previa, justificado por el reconocimiento explícito del fraude que se genera con los contratos temporales 'por causas de la producción' y 'por obra y servicio'.
Es cierto, no es un comentario nuevo, fue casi la misma justificación de la propia directora del Grupo Constant en Gran Canaria, a la cual le debemos dar la razón en este punto concreto, ya que ella misma desmontó la argumentación de la existencia de las Agencias de Colocación y Empresas de Trabajo Temporal (ETT), como en la que ella misma trabaja, durante el programa 'En el punto de mira', diciendo que “hasta hace dos meses” - después de que la Inspección de Trabajo las sancionara – no trabajaban en la legalidad. A la cual también debemos dar las gracias por “meter la pata hasta el fondo” al reconocer el fraude constante al que someten a las trabajadoras en los hoteles. Además de engaños y coacciones a las que las someten, ya que desde la subcontrata no se informa en ningún momento a las trabajadoras externalizadas qué tipo de servicio deben dar “según lo que les paga el hotel” a la subcontrata, y con ello tener que hacer horas extras que no se les pagan.
En julio de 2016 presentamos una reclamación ante el Servicio Canario de Empleo (SCE), debido a que no tenían filtro para ninguna de las ofertas que salían en su web, donde las Agencias de Colocación, ETTs y subcontratas en general campaban a sus anchas con contratos en fraude por doquier. El caso concreto fue por una oferta de trabajo de una empresa externa en un Hotel de Costa Teguise en Lanzarote, donde la subcontrata directamente ofertaba cinco vacantes para camareras de piso con contratos de 'obra y servicio'. El SCE contestó que intentaría solucionarlo. Sí, lo solucionó, pero a su manera: ahora no se especifican ni la duración de los contratos temporales ni se especifica modalidad de contrato, lo cual en el 90% de los casos también se incurre en una irregularidad o fraude de ley.
Así las cosas, no entendemos que la patronal hotelera se rasgue las vestiduras, o finja desconocimiento. Es cierto, que ni la precariedad ni la corrupción urbanística ligada a cargos políticos es endémica de Gran Canaria, simplemente se ha mostrado la realidad, que al igual que en Tenerife, Fuerteventura o Lanzarote, así como el resto de localidades costeras de toda España, se ha especulado y se sigue especulando, no sólo con la propiedad del suelo, sino también con el sudor, el trabajo y el futuro de muchas trabajadoras y trabajadores.
El caso de la compañera Olga refleja la lucha que empieza a aflorar en el mar de la precariedad, como cuando las microalgas afloran en la calma absoluta después de décadas de vertidos en un mar en agitación.
Desde la CNT continuaremos denunciando y apostamos por la vía de la acción directa y de la estrategia coordinada entre los distintos sectores de clase obrera canaria, a fin de, extinguir este tipo de prácticas abusivas.